
De las siete maravillas cubanas de la ingeniería civil, hay cuatro que pudieran recorrerse a motor, y a ellas haremos referencia en este artículo.
La Carretera Central
Unos 1 435 kilómetros tiene la Carretera Central de Cuba, vía automotor de dos sendas que prácticamente recorre toda la Isla. Su construcción comenzó en 1927 y fue inaugura por el entonces presidente de la República, Gerardo Machado, en 1931. Aunque originalmente solo cubría 1 139 km, varios años después se le agregaron dos tramos más: en occidente, de Pinar del Río a La Fe, y en oriente, de Santiago de Cuba a Guantánamo y Baracoa. La única provincia del país por la que no pasa es Cienfuegos.
El diseño del ingeniero cubano Manuel A. Coroalles, jefe de la obra, siguió el antiguo trazado de los caminos reales y su ancho de 20 metros, para evitar tener que construir nuevas rutas, aunque cerca de 680 kilómetros se tuvieron que crear desde cero; y precisamente su kilómetro cero está en el Capitolio, donde se ubica el diamante de la República.
Durante su construcción fueron sembrados 30 000 árboles a ambos lados de la vía, muchos de los cuales aún se mantienen, para ofrecer mayor belleza a la ruta y darle confort a los pasajeros. La Carretera Central fue la primera vía pavimentada en unir todas las regiones del país y las dos ciudades principales (La Habana y Santiago). Para muchos es la gran obra de la ingeniería cubana del siglo XX.
Túnel de la Bahía de La Habana
Para atravesar la Bahía de La Habana, se puede ir por arriba, en las lanchitas de Regla y Casablanca; o por debajo, a través del Túnel.
Su construcción se desarrolló entre 1957 y 1958 con el objetivo de comunicar La Habana con la zona este, donde se pensaba construir y desarrollar una nueva ciudad, para también extender la urbe habanera hasta las playas de Santa María del Mar en los siguientes 30 años.
La empresa constructora que asumió la obra fue la francesa Société de Grands Travaux de Marseille, aunque quien dirigió la ejecución y proyección fue el ingeniero cubano José Menéndez Menéndez. Para resistir la presión del agua se diseñaron sistemas de tubos de hormigón reforzado.
El túnel recorre unos 733 metros bajo el mar, los cuales pueden ser transitados en unos 45 segundos de un extremo a otro. La profundidad es de 12 metros.
Puente de Bacunayagua
El límite más occidental de la provincia Matanzas es este puente-mirador, que alcanza la altura de 103,5 metros sobre el nivel del mar y una extensión total de 313,5 metros.
El puente de Bacunayagua tiene como elemento más representativo el uso por primera vez de semiarcos de acero laminado de 114 metros de extensión, además de la belleza innegable del Valle del Yumurí que “corre” bajo él.
La construcción del puente se inició en 1956 y su inauguración fue el 26 de septiembre de 1959. El proyecto fue realizado por la firma SACMAG (Sáenz, Cancio, Martín y Gutiérrez), la misma que desarrolló el edificio FOCSA.
Viaducto de la Farola
La última de las siete maravillas es también la más exótica y peligrosa. El Viaducto de la Farola es una carretera entre montañas que une Guantánamo con Baracoa y fue inaugura en 1965.
La vía atraviesa, en un recorrido sinuoso, todo el macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa, con alturas que en ocasiones llegan a 450 metros sobre el nivel del mar. En su construcción se emplearon técnicas novedosas para evitar el uso de explosivos (imposibles de utilizar en Cuba por su condición geológica), por lo que muchos tramos parecen terrazas que salen de la montaña.
Las vistas desde La Farola son espectaculares: desde un paisaje desértico-costero a uno dominado por la selva tropical. Mientras que numerosos manantiales refrescan a los pasajeros del caliente clima del oriente cubano. Sin embargo, cuando llueve el tránsito puede llegar a ser muy peligroso por derrumbes ocasionados parcialmente en varias de sus pendientes.