
La década del treinta del pasado siglo fue catastrófica, desde todo punto de vista. En Europa los nazis, en Estados Unidos toda la economía padece, y la industria automotriz no es la excepción. Willys ha logrado cierta solvencia con sus modelos Knight y Overland, pero eso ha cambiado al doblar la década y en 1932 la situación es tan desesperada que el mismísimo Presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover, le pide a John Willys que regrese para salvar su compañía.
Frente a esta gran crisis, John Willys pone sus esperanzas en un nuevo modelo económico para salir adelante. La época de los grandes excesos ha pasado y ahora es importante hablar de rendimiento, fiabilidad y eficiencia. Hay que reducir dimensiones y costos de producción. Esta es la esencia del nuevo “modelo 77”, básicamente una versión más moderna del pequeño Whippet y que saldrá al mercado en 1933.
El nuevo “77” estaba equipado con un motor de cuatro cilindros, 2.2 L y 48 CV. Lograba reducir el peso hasta apenas 930 kg, lo cual le permite aprovechar la potencia y lograr una velocidad máxima cercana a los 120 km/h, nada despreciable para la época. Por ello, desde su lanzamiento fue un modelo apetecido en los circuitos de carreras.
También tenía características interesantes –y algunas típicas de un auto económico– como sus formas cuadradas, simples y hasta rústicas, donde su bella parrilla inclinada casi resultaba un insulto. Sin embargo, con un rendimiento superior a las 30 millas por galón –algo así como 7.8 L/100 km– y un precio de solo 395 USD logró restablecer los niveles de ventas. El típico ejemplo de “gana el domingo y vende el lunes”.
Entre 1933 y 1936 Willys se enfoca en el 77 y nada más. Allí pone todos los esfuerzos y entretanto la quiebra se declara oficialmente en febrero de 1933. Desde esa fecha, y hasta 1935, la compañía es administrada por sus acreedores con la colaboración de John Willys. Este último, desgastado por esta angustiosa experiencia, sufre un ataque cardíaco en mayo de 1935. Aun así, sigue trabajando durante su convalecencia, pero fallece poco después en agosto de 1935.
Gracias a tanto esfuerzo –y acertada visión– la situación de la empresa mejora significativamente, y en febrero de 1936 sale de la quiebra. La Willys Motors es dirigida entonces por Ward Canaday, quien estaba vinculado a la organización desde 1916. En 1937 la carrocería del modelo 77 cambia radicalmente y el nuevo frontal tiene la parrilla inclinada hacia adentro en su parte inferior, al igual que el controvertido Graham “Sharknose”, pero esa será otra historia. Volveremos.