
Mientras producía el auto norteamericano más caro de la época, el Continental, Lincoln mantenía feroz batalla en otros sectores del mercado con los Capri y Premiere.
En la segunda mitad de los años 50 se estableció una cruenta competencia en el mercado automotriz norteamericano. Se fusionaron compañías, desaparecieron otras y, hasta los Tres Grandes tenían que pelear duro su cuota de mercado.
En el sector alto del mercado Cadillac ejercía un dominio asfixiante, seguida sin piedad por el Chrysler Imperial. En Ford Motor Co, tocaba a Lincoln –su marca de lujo- enfrentarlas, y era una tarea titánica.
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Dejando de lado al Lincoln Continental - un fuera de liga en todo sentido, con un precio de 10 mil USD de aquel entonces- la tarea de enfrentar el sector alto del mercado correspondía a los Capri-Premiere, este último llegaría justo en 1956.
Hasta 1955, el Lincoln Capri estuvo en clara desventaja por una serie de incongruencias inexplicables. Resulta que, entre 1952 a 1955, se concibe como un auto de gama media-alta, destinado a competir con el Oldsmobile Ninety Eight y no con el Cadillac, más grande y lujoso. Sin embargo, el Lincoln es 500 dólares más caro que el Oldsmobile, y su línea es muy parecida a la del Mercury, a la sazón la marca de gama media de Ford Motor Company. Esto no era fortuito y estaba condicionado, en buena medida porque Lincoln estaba dentro de la División Lincoln-Mercury, dentro de Ford. Solo en abril de 1955 Lincoln sería una División independiente, y sus modelos 1956, los primeros producidos en esta condición.
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Para remediarlo Ford puso 100 millones en las manos del equipo de diseño dirigido por Bill Schmidt y, en sus hombros, la responsabilidad de sacarlo adelante. Eran los años gloriosos –con el Motorama de GMC líder- en que los diseñadores dibujaban sus sueños a placer.
Por eso, los nuevos Lincoln estuvieron basados en los prototipos Lincoln XL-500, el Mercury XM 800, y el Lincoln Futura, todos de esa cosecha. El resultado fue un automóvil que se distingue por su línea baja y estilo fluido. Aunque de grandes dimensiones, el conjunto es armonioso, y sin exceso de cromados. Sin dudas, un modelo capaz de plantar cara a Cadillac y Chrysler.
Su estilo fue tan acertado que ganó el premio otorgado por el prestigioso Instituto de Diseño Industrial en los Estados Unidos. De inmediato, impacta en el público y vende más de 50,000 unidades, en un año que presagiaba el parón de 1958.
Pero bajo tanta belleza también había buenas noticias. La mecánica se actualizó para asegurar su capacidad de moverlo, con la suavidad de marcha que merecía su elegancia. Por ello, se revisó y mejoró el motor V8 que llegó a una potencia de 285 CV. Estaba acoplado a una transmisión automática y venía con dirección asistida.
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La Serie Premiere era la más lujosa y contaba con los mejores acabados e, incluso, incluía un convertible y ventanillas eléctricas. Estos Lincoln, ya entonces, incluían importantes accesorios de seguridad pasiva como volante especial, tablero acolchonado, y cinturones de seguridad, adelantándose al estándar de su tiempo. Para muchos, y me incluyo, 1956 fue el mejor año de la marca en esa década.