
Quienes no la conocieron deben saber que Oldsmobile fue una marca perteneciente, la mayor parte de su vida, a General Motors. La fundó Ransom E. Olds, en 1897, y la vendió dos años después. Sus compradores la rebautizaron como Olds Motor Work, la trasladaron a Detroit, y nombraron los automóviles Olds Automobiles, lo cual llevó a la contracción Oldsmobile. Las icónicas bandas blancas que los propietarios de autos antiguos gustan para sus neumáticos fueron su sello en esos primeros años. Al desaparecer, en 2004, era la tercera marca más antigua, detrás de Daimler y Peugeot.
Pero a lo nuestro! Los Oldsmobile 1959 fueron una enérgica respuesta de General Motors al diseño sorprendente de los Chrysler 1957 de Virgil Exner. Tomado por sorpresa, el gigante automotriz dedicó todos sus recursos para revertir el golpe. Se tiraron los diseños en preparación desde 1956 y, en tiempo récord, se tuvieron los autos 1959. Oldsmobile mantuvo sus tres líneas ese año: la 88, Super 88 y la 98, fiel a su nomenclatura de dos dígitos, donde el primero definía el tamaño de la carrocería, y el segundo el número de cilindros del motor.
Acorde al auge de los aviones a reacción de aquella época, los diseños de Oldsmobile reflejaron esa tendencia. Autos anchos, bajos, y muy largos, con un uso masivo del vidrio, cuyos parabrisas envolventes, ambos, eran una obra de arte. A diferencia de otras marcas, Oldsmobile no tenía estruendosas aletas en sus guardabarros y las luces traseras eran contenidas y elegantes, sin dejar de hacer referencia a los jets. A esa filosofía le llamó Linear Look.
Eran autos muy elegantes, vistosos y equilibrados. Los modelos sin columnas y convertibles eran, simplemente, magníficos. En la mecánica, lidereaba el motor V8 Rocket –introducido en 1949 y mantenido en producción hasta los años noventa, con pequeños cambios y modificaciones– en diferentes configuraciones. En la serie 88 tenía un desplazamiento de 6,08 litros y 270 CV de potencia. Luego, en las series Super 88 y 98 tendría 6,5 litros y 315 CV. Por supuesto, la diferencia se concentraba en el completamiento, con elementos como dirección asistida, frenos asistidos, aire acondicionado y muchos más.
El interior era inmenso y el salpicadero de los más bellos de un auto norteamericano de la época. Además, incorporaba guiños tecnológicos interesantes como el velocímetro de barra horizontal, una alarma por exceso de velocidad ‘Safety Sentinel’, que activaba una luz intermitente y una señal sonora al sobrepasar determinada velocidad, o el abuelo del sensor de luces: el ‘Autronic Eye’, un dispositivo colocado encima del tablero que detectaba un auto transitando con luces encendidas en sentido contrario, y cambiaba las luces a ciudad o bajas.